Caigo rendida al encanto de tu piel clara y fresca
cálida morada de mis secretas e intimas pasiones
lugar donde me pierdo loca, ávida, sedienta y obscena
donde me convierto en dócil paloma y fiera leona.
Dueño de la daga que acomete mis vehementes ansias
guerrero incansable de mis profundos y sinuosos rincones
héroe de mil batallas en mis sabanas húmedas y blancas
artífice del agua que brota de mi vientre como torrentes.
Me pierdo en la enhiesta cumbre de tu volcán perfecto
esperando la erupción que apresuro con mis rítmicos vaivenes
no eres tu, no soy yo, es el ímpetu que nace del movimiento
es la flama que encendimos en nuestros corazones silentes.
Somos piel, somos alma, somos vida, somos agonía y muerte
Somos Adán y Eva en nuestro propio paraíso de goce profundo
sin manzana, sin culpas, sin castigos, sin maldiciones y destierro
somos un solo corazón, almas libres que conjugan el amor y el sexo.
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