miércoles, 29 de abril de 2015

Mientras dure...

No me importa mostrarme débil mientras
escribo, si aún no soy fuerte, ni nunca lo
he sido, no se amar como aquí juegan, yo
amo con los codos, con el sueño, con la
voz, no tengo objeción en no ser
correspondido.
No me importa cuanto vivan mis amores, yo amo
mientras dura, mientras puedo, mientras se
vacía el vaso y emprendo mi camino.
Yo no entiendo cómo aman los humanos, por eso
estoy aquí contigo, por tu duda, por todo
lo que no sabes ni averiguas, por todo lo que das sin
saber siquiera q tuviste.
Amo tus alas, tus vuelos, tus caderas donde
termina mi noche, mi nostalgia, no me importa que no
entiendas que te amo, que dudes y llores, y preguntes
y reclames, Yo te amo mientras dure...

Edel Juarez.

viernes, 24 de abril de 2015

miércoles, 22 de abril de 2015

Perdone...

“Perdone usted el atrevimiento pero debo de confesarle algo. Lo he tenido entre mis piernas sin necesidad de sentir su peso y me ha llevado al orgasmo sin que me dé siquiera un beso. Lo he imaginado saboreando mi cuerpo, explorándome con sus manos ansiosas. Lo he tenido en mi cama ya varias veces, he estado a su lado sin que usted se entere y me ha hecho suya en más de una oportunidad.

Sus manos son mis manos, su tacto es mi tacto, me inspira lujuria y es así como le voy sintiendo dentro, voy sintiendo cómo aumenta la velocidad mientras jadeo en su oído sin que usted me pueda escuchar. Pero, cuando todo acaba, quisiera tener su pecho para recostarme en él, sus brazos para que con ternura me rodeen, quisiera poder besarle y encenderle una vez más, y sin embargo, al abrir los ojos tan sólo me veo a mí y a la realidad, mi cama y su soledad.”


— Gitana(Melancólicos versos de la Gitana)





martes, 21 de abril de 2015

Los suicidas.

Suicidarse en el mar es como desnacerse
en el claustro materno,
es como retornar a la tibieza
de la verdad primera,
redescubrir el hálito fugaz que nos perdura,
quizás la certidumbre
de que también el fin
puede ser una forma de empezar.
Hay suicidas muy torpes: tienen prisa
en sus renunciaciones
y eligen sin pensar acantilados
altos como el desprecio,
foscos como la ruina
para el vuelo final.
Acaban casi siempre
como siempre vivieron: en alguna caverna
de escollos heridores,
atrapados en redes sin linaje,
recubiertos de umbría,
anclados a su malva soledad.
Pero hay quienes ofician el suicidio
como un rito: se visten
de túnicas muy blancas,
con guirnaldas de flores
dan prestigio a sus sienes,
y enaltecen sus cuellos y sus manos
con bellísimas joyas y abalorios
cuyo fulgor conforta los sentidos
y el ánimo sosiega
y la inocencia acrece.
Después, tras consultar tablas lunares,
astrónomos, augures, cartas de marear,
escogen una fecha de otoño transparente
y con el claroscuro de la tarde vencida
se internan con cuidado entre las aguas,
la mirada en sus culpas,
el olfato en su ausencia,
el tacto en sus ensueños,
mientras van repitiendo las palabras
que jamás escucharon
y que siempre quisieron escuchar...
Con su gentil y antigua cortesía
acoge nuestro mar a estos pulcros suicidas,
les da la bienvenida, les recibe
en su imenso nidal.
Y arrullando su frágil mansedumbre,
entre un magno silencio de ondas y presagios,
les orienta hacia dársenas ocultas,
hacia anónimas clas donde aguarda
una pequeña barca que ya tiene
la orden de partir.



Antonio Porpetta




lunes, 6 de abril de 2015