Si pudiera elegir que fueses un día de mi vida, elegiría un día de lluvia para que tus gotas de lagrimas saladas me escocieran en las heridas abiertas y las cerrase, como consigues algunas noches que cierre poco a poco los ojos, cuando con suavidad me acaricias la espalda.
Elegiría que estos charcos no fuesen más que tu memoria derramada y que yo evitaría pisar para no revolver tu cabeza. Y en cada esquina, en cada recoveco de esta ciudad, encontrar tu nombre escrito de color de piedra y frío, tan frío que al rozarlo con la yema de mis dedos me provoque y te provoque ese extraño escalofrío: el mismo de la primera vez en que te quité la ropa y quedaste descalzo sobre el suelo de aquel hotel en el que se resumía todo.
Si pudiera elegir un día serías un lunes. Un lento y eterno lunes.
Para quedarme mucho tiempo contigo. Para poder maldecirte, pero a la vez, quererte y amarte, como solamente yo sé hacerlo. Serías un día de fin de mes, para cobrar en besos y caricias. No quiero dinero. El dinero no sirve para nada: no tiene tu olor, ni el tacto de tu pelo. Yo quiero tus besos y tus caricias interminables. Esos besos que empiezan secos y terminan empapados. Esas caricias que merecen la medalla de oro, por recorrer tantas veces el mismo cuerpo sin cansarse.
Si pudiera elegir un día, lo elegiría.
Pero no puedo elegir ninguno. Como tampoco elijo el no saber dar los buenos días cuando despierto a tu lado, y tú me miras y con tu voz recién despertada me preguntas cómo he dormido. Y voy al baño, y busco la ducha intentado que sea ella quien me despierte y me saque de este sueño, y me quite el mal despertar de todos los días.
Quiero decir, que los días no se eligen. Solo los podemos vivir. Y yo los vivo contigo. Aunque a veces no entienda, y lo siento, por qué sigues a mi lado, si soy un desastre, si siempre pongo mala cara y me cuesta despertar y dar los buenos días y acercarme a ti para darte un beso, porque simplemente sé que te tengo.
Sé que te tengo todos los días que vendrán para darte besos, para mirarte, y para hablarte de la suerte que tengo al estar contigo.
Y esta comodidad es a veces, lo que me da, vida mía, tanto, tanto miedo.
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