Conservo en la retina tu rostro apacible y pensativo.
En los ojos el color intenso de tu cabello con reflejos de tiempo.
En el cuerpo las caricias de tu alma y de tus sentimientos.
En el corazón el profundo silencio de un “adiós” que sonó “hasta mañana”, en el dolor desesperado de las entrañas, en tantos y tantos días de espera en los que te busco sin saber y sin razón, descubriendo en cada calle del universo las huellas deformes de tus pisadas.
Los espacios hablan de que no estás, las voces gritan engañosas que volverás, las letras no se transforman en poemas, las palabras han huido de mis oídos preñando de fetos hueros mis ilusiones… pero mientras sueñe que vives, que paseas por el envés de un pétalo de primavera, que te debates entre eternas dudas o que luchas con los demonios de tu tormento… yo amaré en la angustia y el desaliento hasta que consiga arrancarme el corazón y enterrarlo bajo los ancestrales vientos que trajeron a mi playa los infinitos granos de arena (imagen de aquel poema) que en la noche me cobijan cuando dibujo tu nombre en la orilla, desde donde caballos de espuma susurrarán a tu oído en la distancia, el tiempo en que era la dueña de tus sueños y deseos.
Por eso estoy aquí, contigo... como alguien me dijo una vez, con mi ego intacto y resquebrajado.
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