Hoy es un día feo, de una fealdad que nace de todo lo exterior y de mi propio interior. El gris del cielo se confunde con lo grisáceo de esta sensación de sentirme desconectado de todo lo que me rodea, de los propios pensamientos, de la propia soledad. Miro hacia el cielo y sólo veo oscuras nubes proyectando su sombra sobre todas las cosas que me rodean, contagiándolas de su misma oscuridad sin ilusiones. En días así nada tiene sentido, cualquier objeto o sensación se vuelve contra sí mismo al menor cambio del viento, como si fueran simples ramas de árbol danzando al son silbante del azar. En días así de feos lo mejor posiblemente sea cruzar los dedos esperando que el mundo no te caiga, de repente, sobre la cabeza al doblar cualquier esquina; eso o permanecer en casa, sentado en un cómodo sillón, frente al calor de la chimenea, con un libro entre las manos y los dedos cruzados esperando que no se abra el mundo bajo tus pies, revelándote de golpe las oscuras tenebrosidades que oculta el subsuelo del propio ser, tantas veces intuido en los inquietantes escenarios de las más atroces pesadillas de esas noches tan feas como este día. En estos días así es normal perderse de uno mismo, no encontrar el camino de vuelta a la engañosa confortabilidad de convicciones a las que, ingenuamente, pretendemos revestir de un inexistente poder mágico que nos proporcione una milagrosa indemnidad ante esa desasosegante nada, que irremisiblemente nos cerca con más asiduidad de la que sospechamos. En días como éste me entran unos irresistibles deseos de dar la espalda a la realidad y de vivir la vida a lo Bonnie & Clyde. Yo Bonnie, yo Clyde, huyendo incesantemente de mí mismo, de todo ese vacío que me acosa mientras el viento sopla con fuerza, a rachas regulares, entre los resquicios de sueños no soñados y de vidas por vivir.
http://cuadernosecreto.wordpress.com/2007/12/19/hoy-es-un-dia-feo/
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