viernes, 5 de marzo de 2010

Al final de la noche, con las primeras luces del amanecer. Al regresar a mi casa, varias cosas se empezaron a apreciar con más fidelidad. No solamente el color de tu piel idéntico al de mi recuerdo. Ese blanco tan blanco que me hizo despertar la luna que no es blanca. Ese tejido dócil que deja traslucir un espíritu quieto que desea ser inquieto.

Con los primeros sorbos de café con leche, reclinado en el repostero de mi cocina, aún con la cabeza virando y atiborrada de jeroglíficos multicolores, con los ojos semi cerrados, fui distinguiendo la emoción que me suscitaste toda la noche. ¿O fueron varias emociones?. Prosigo. Al escribir, lo descubriré.

A ver. Ternura. Sí, porque te mencioné cargosamente quince veces que me gustaba tu pelo. Castaño e irreprochablemente largo. Tenía que acariciarlo para darme una idea de lo suave que tendrías el alma de siempre, a pesar que la tengas a ella tan escondidita detrás de tus palabras difíciles. Esos raptos de silencio, esas miradas a la nada, esos ensimismamientos en voz alta, esos dictámenes tan bruscos contigo mismo, esos códigos indescifrables, fueron sin duda para mí, como unas flechitas coloradas e intermitentes que me indicaban, “ingrese con cuidado”. No. No y no. No hay precipicios peligrosos, por Dios. No tienes calles ni planos cuadriculados, eres más bien una selva frondosísima en la que sólo algunas avionetas de carga ligera pueden aterrizar.
.....

.
Sí, todo eso me resulta imperiosamente tierno. Y la ternura tiene un componente de eternidad. Es infinita. Es incompatible con lo material y con las consumaciones de nuestros cuerpos abreviados. Es como un desbordamiento gaseoso que se tiene y luego se escapa, pero que al pasar ya dejó todas las contundencias de su efecto. La Ternura se enciende con las manos inocentes, pero se convierte en incienso rebelde y viaja al espacio de donde proviene.

Después de más de cuarentaiocho horas, tres duchas y dos viajes alrededor de la Tierra, como un perfume azul, tu ternura me sigue descomponiendo los dos gramos de razón que siempre alardeo tener.

http://vichoescribe.blogspot.com/2010/02/carajo-tu-ternura-raul.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario